Friday, January 18, 2013

FUEGO EN INVIERNO





"...la acompañé a la Catedral de San Alejandro Nevsky, cuyas cúpulas, 
acaso parecidas a las de la Dormición de Moscú, 
cobraban singular exotismo tras de la austera y aséptica Salle Pleyel 
(maravilla de la arquitectura moderna pero fallida en acústica, que era aquí lo más importante...)" 
LA CONSAGRACIÓN DE LA PRIMAVERA, Alejo Carpentier.

Esta tarde atendí a la revelación de dos tipos de bomberos. Al salir del metro, hacía -2ºC, y no entendía porque a pesar del frío los peatones no cruzaban el paso de zebra con restos de la sal gruesa esparcida para consumir la nieve. La curiosidad puesta en un autobús que echaba humo negro de su parte trasera era la atracción, había un tenue pavor (para el miedo los franceses también carecen de estridencias), pues la sola idea de que los bomberos, que ya se encontraban recogiendo sus mangueras, no hubiesen acabado del todo su trabajo y aquel largo vehículo explotase, nos mantenía a raya, olvidando en mi caso que mis dedos perdían su sentido.

Corrí el riesgo. Pasé debajo de la nube de humo mezclada con la ceremonia blanca del invierno; seguí mi destino, una iglesia. Observando a los otros (pocos) turistas dentro de la salle pleyel, la liturgia rusa que retumbaba en una acústica fue interrumpida por la actividad de otro bombero, un acólito vestido en mono, tenis y suérter GAP, apagaba las velas que estaban a punto de consumirse y las echaba en una bolsa de papel evitando que más de 250 años ardiesen.



Sunday, January 13, 2013

LLORAR UN LIBRO



20 de Mayo de 2010.

La primera vez que oí sobre Héctor Abad fue gracias a Valentina Quintero. Yo regresaba después de mucho tiempo, probablemente seis años, a bañarme en una playa de La Guaira, lugar al que había dado la espalda luego del deslave de 1999. Yo fui lo que llamaron para entonces “damnificado”.

Cuando adquirí mayor seriedad sobre mi oficio, me entró una desesperación por vaciar lagunas (cada vez trato de achicar más agua) y temía no entender ciertos clásicos o autores (me ha tomado tres años acabar con Crimen y Castigo). Uno de mis miedos era Borges, compartido por ejemplo con Cervantes (hagamos honor a la ciudad donde estoy a punto de aterrizar mientras escribo: Madrid). Trabajando para la producción de Los Imposibles con Leonardo Padrón, y haciendo la entrevista a Jorge Drexler en su hotel, recuerdo la siguiente frase más o menos así: No sabes la envidia que me da aquel que me dice "no he leído Borges". Como extraño esa sensación de leer a Borges por primera vez. Lo dicho terminó por meter en mi bolsillo un apropiado y primer Borges.

Pasó el tiempo y mi primer encuentro con la lectura de un libro de Héctor Abad fue sobrevolando este mismo trayecto. Visitando Egipto, Marianella me prestó “Oriente empieza en El Cairo”. Conforme aterricé de aquellas vacaciones empecé “El olvido que seremos” (Planeta, 2006). La novela me acercó más a Borges, a sentirme confiado a poder entender la dimensión del gran autor. Cerré hace una semana la última página de Ficciones y acabo de abrir la primera de “Traiciones de la memoria”, (Alfaguara, 2010).

Abad me hace llorar leyendo, y yo sólo quiero dejar constancia de eso aquí. Háganse el exorcismo de seguir su literatura, como diría Valentina: por caridad.

12 de Enero de 2013

Wednesday, October 31, 2012

LA LUCIDEZ DE SANDY



Me siento con deseos de vomitar –dice una empleada cubana del aeropuerto.  El viento inagotable, proscrito, el que se devuelve o viene de cualquier lejano estar, le arrancó toda fe en el segundo amor. ­­–Oye, el amor ocurre una sola vez. El amor pasa como la sustancia emocionada de la primera vez –la otra, su compañera, se le queda viendo mientras acomoda cajas envueltas en papel metalizado y las dirige a una repisa del Duty Free. 

Sandy, mi bien, recuéstate que yo creo que ese disfraz tuyo de Halloween es lo que te tiene turbada ­­­–le arrastra a un lado la peluca de estambre naranja y el corazón se le convierte en un general que arenga la sangre a una batalla. ­–Chica, tú, que no me siento bien, y no creo que haya antídoto contra la profecía de nuestros corazones meridionales ­–y Sandy cayó al piso víctima de un infarto, entre el mostrador de bloqueadores solares y una caja con cápsulas de Omega 3.

Cada vez que alguien desafía los vientos de Santa Ana, una inocente con el corazón roto muere antes de decir verdades sobre la vida.

Saturday, October 13, 2012

CANTEMOS CON: ORNELLA, VINICIUS & TOQUINHO



SAMBA EM PRELUDIO


Io senza te
Ho perso anche me
Perché senza te
Mi manca un perché
Io sono una fiamma 
E luce non dò 
Io sono una barca
E mare non ho

Perché senza te 
Rinnego l`amore 
Uccido la vita 
E canto il dolore
Tristezza che va 
In cerca di me
Ho paura di vivere senza te

Ah, che bei giorni 
I ricordi mi fanno sentire meno sola
Ho tanta voglia
Tanta voglia di averti con me
Le mie mani han bisogno di te

Ma sono triste
Non ha niente da darmi la vita com`è
La vita esiste
Ma ho paura di vivere senza te

Thursday, September 27, 2012

NUEVAS MAÑAS


De repente, no más que de repente, como dice el Soneto de Separación de Vinicius, lo hago. Ejecuto la acción a sabiendas de que otrora lo criticaba. Se me ha hecho demasiado tarde para planchar todos los achaques con los que no quiero envejecer. Por mucho tiempo mi madre detestó que le repreguntaran lo que había dicho. Un "¿Qué?" de su oyente al final de un comentario, la vuelve loca. Y yo no entendía el ataque de histeria que le produce, hasta que un buen día de la semana pasada me preguntaron, "¡¿Qué!?".

Respiré profundo, y mientras repetía la frase fui interrumpido; mi interlocutor no sólo había entendido la primera vez, sino que empezaba a contestarme a la mitad de mi subrayado. Entonces recordé a mi mamá y su odio frente al "¡Qué!".

Heredamos fobias que antes nos parecían exageraciones.

***

Me encuentro hojeando El País. Abordo un avión en Madrid rumbo a Vienna (desde donde redacto este post). Veo con interés algunos artículos de opinión, me encanta la caricatura de El Roto que vemos a continuación:


Me hace mucha gracia, porque desde que despegué de Caracas pienso que este avión puede estrellarse, sobre todo, porque sin darme cuenta he decidido despedirme de mucha gente antes de partir. El vuelo tiembla por encima del promedio, yo tomo un Vicodin con vino tinto, y más tarde un Advil. Me desdoblo, esa es la idea.

***

Al despertar, retomo mi lectura de El País, y me encanta la entrevista que han hecho a David Carr, periodista del The New York Times. No conocía al personaje y me interesa, por borracho y genio. Y de repente, otra vez lo mismo, arranco la página de la entrevista sin importarme el prójimo. Otra manía que detesto, o que al menos detestaba. Con la hoja de papel periódico en la mano izquierda y el resto de la edición en la derecha, me descubro entregado a las cosas que solía odiar. ¿Qué será lo próximo? Sonarme la nariz en público, sería el llegadero.

Monday, August 13, 2012

LAS CICATRICES DE MI IZQUIERDA


Todas las cicatrices se me agolpan del lado izquierdo del cuerpo. De la primera que tengo memoria, la de la palma de mi mano, con la que no escribo, pero dentro de la que descansa la punta de un lápiz de carbón, fue por amor a la única niña que cortejé en mi escolaridad. La segunda marca me la gané como víctima de un juego cruel, estudiaba sexto grado. Caí por estúpido, inocente, o simplemente mi voluntad por entrar a un grupo popular de mi salón. Debía raspar con las uñas de mi diestra el dorso de la otra mano mientras un compañero enunciaba cualquier letra, yo decía el nombre de un país, el juego te dejaba la piel abrasada por el intenso y constante rasguño. Leyéndolo ahora entiendo que ganamos cicatrices por el afán de ser amados.

La tercera, está en el costado de mi tronco, la primera marca de la varicela es para siempre. Era carnaval y me quedé vestido con mi disfraz de pirata, puertas adentro. La cuarta fue en el clímax de la adolescencia, ya trabajaba en la radio, y corría con una noticia de última hora desde la sala de redacción al estudio, me resbalé y el nudillo de mi pulgar, de forma insólita, se raspó en cámara lenta contra una pared grumosa. 

La quinta y más reciente, otro accidente. El codo. Alcanzo una edad en que nos infligimos heridas deliberadamente, por estar cansados del azar. Entra aquí la necesidad de un primer tatuaje, siempre que lo cuestiono, coqueteo con la idea del toro, mi signo. Este toro de Picasso, que no es el de su Guernica, me mueve una de sus seductoras orejas, ellas quieren aletear en mi brazo, pues que sea entonces en el izquierdo.



Friday, August 03, 2012

LAS CABRAS INSOMNES


Cumplo cinco meses haciendo yoga. Lo escribo fumando el segundo cigarro del día y bebiendo el primer refresco de la semana. Con esto quiero decir que el atávico ejercicio ha procurado mi descenso en la práctica de ciertos vicios, una disciplina que indisciplina malos hábitos.

El profesor de la clase a la que asisto ha resultado ser el correcto para mis cánones, es decir, se trata de un hombre espiritual, más no un predicador de la India. Sus palabras previas a la clase son puntuales. Siempre intenta dejar una lección sin ponernos de rodillas ante budas. Claro que recitamos mantras en sánscrito, pero al mismo tiempo puede ocurrir que meditemos con Radiohead.

El martes pasado, antes de iniciar los saludos al sol, nos hablaba sobre el origen de algunos movimientos y como vamos conociendo la naturaleza que nos rodea a través de los sucesos menos previstos. Así pues contó el hallazgo del hombre frente al café:
Un pastor de Abisinia (actual Etiopía), llamado Kaldi, observó el efecto tonificante de unos pequeños frutos rojos de arbusto en las cabras que lo habían consumido en los montes, efecto comprobado por él mismo al renovarse sus energíasKaldi llevó unas muestras de hojas y de frutos a un monasterio, donde los monjes por curiosidad las pusieron a cocinar. Al probar la bebida la encontraron de tan mal sabor, que arrojaron a la hoguera lo que quedaba en el recipiente. Los granos a medida que se quemaban, despedían un agradable aroma. Fue así como a uno de los monjes se le ocurrió la idea de preparar la bebida a base de granos tostados.
Weinberg, Bennett Alan; Bonnie K. Bealer 

The world of caffeine: the science and culture of the world's most popular drug.

Consultado el 13 de agosto de 2010 por Wikipedia. 

Durante toda la clase asocié a las cabras con el consejo universal sobre el insomnio: contar ovejas, que al final del día es el mismo parentesco. Creció en mi la inquietud que ahora mismo (madrugada) me mantiene despierto: ¿De dónde proviene el remedio de imaginar ovejas saltando una cerca para conciliar el sueño? Entonces imaginé al pobre Kaldi en una fría noche africana, luchando contra el sueño, contando cuantas cabras excitadas saltaban la empalizada de nuestros tormentos.

Apago el cigarro y muerdo el hielo con los restos de la cafeína de esta Coca-Cola Light sin gas.
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