Friday, November 30, 2007

Encierro involuntario

Hay cosas poco importantes, que sólo pensamos para escapar de algún enclaustro. ¿Cuántas colillas hay que recoger al día siguiente en los locales nocturnos? ¿Qué hora dispone mi vecina para preparar el almuerzo? Sigo preguntándome. El pensamiento de mi perro, si es que lo tiene – por ahora se ocupa de olfatear bajo la puerta y yo le hablo como si no estuviese atrapado-. ¿Qué piensa mientras se queda solo en casa? Insisto, si es que piensa.

Yo creo que sí. Él sabe que necesito compañía y aguarda tranquilo como compañero de celda contigua. Me gustaría que me hablara. Que me dijese si en sus ratos de encierro involuntario también piensa en las cosas poco importantes. Repito, si es que piensa, ¿cuáles serían las ideas de poco valor para el supuesto cavilar de mi can? Me pondré en sus patas.

Si fuese un perro no me importaría cuántos perritos como yo tienen el mismo hueso de fábrica, éste que muerdo me lo dio mi amo, es único para mi hocico. Me preguntaría también ¿qué tienen esas panelas que contempla por tanto tiempo? ¿De qué sirven esos bloques llenos de hojas? eso poco me importa. Mi amo tiene decenas de ellos en sus estantes, a veces se sienta a verlos, a pasar uno a uno el papel; lo mejor es que cuando se queda así me acaricia y soy un perro contento, todo felicidad.

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