Monday, January 28, 2008


George Grosz, el degenerado.

La droga de la carne

Desarmada toda sensatez, los jinetes enemigos de la razón vencen con sus lanzas de una noche. ¡Qué poca resistencia se tiene a ciertos vicios! (o a todos). Amar es un vicio cuyo efecto caduca, hasta probar algo más fuerte y morir por sobredosis de alma. Enhorabuena por la suerte de los amor-dependientes.

Entregar la carne es un vicio de otra catadura. Pruebas el primer cuello, consumes los néctares de la piel ajena del primero que cruce la avenida y tus manos piden más, otro distinto, otro, otro, otro. El olfato se aburre del mismo sudor y quiere otro, otro, otro, no el mismo, otro. En el vicio sin freno por los cuerpos extraños no hay ley.

Nunca se abusa de las artes amatorias, todo el tiempo se abre una ventana. Y nos ufanamos; confesamos al prójimo predilecto las aventuras que nos ruborizan con tanta mendaz. La mirada cambia, con cada consumo de la piel ajena la serpiente se escama. Es preciso esquivar los mayores peligros de tal desenfreno, hay que abstenerse de caer en las enfermedades del alma y mantener la memoria intacta, cubrir con un manto la insoportable verdad: los corazones vacíos.

Monday, January 14, 2008


No importa esperar...
Posted by Picasa

Sala de espera

Dejemos que corra el tiempo, le explico a la razón,
porque el corazón no entiende esos argumentos.
La razón tiene más paciencia, es clara y sabe esperar.
Al corazón he de consentirlo con pasiones fugaces,
saciaré su apetito con amores que vienen y van.

Dejemos que pase el tiempo,
que la repetición de otoños cubra con sus hojas secas mi trayecto hasta ti,
y que el crujido que provoquen mis pasos te adviertan mi llegada.

Me entenderé con el destino,
le ofreceré mi alma al primero que ofrezca un futuro a tu lado.

Respiraré profundo muchas veces y cada vez que otro ocupe el espacio que anhelo.
Pondré mi mente en blanco cuando sea testigo de nuevos besos en tu piel.

Aprovecharé todo este tiempo para saberte en detalle,
qué quieres en los atardeceres y cómo llegas a las madrugadas.
Conducirte por los caminos opuestos a lágrimas
(a menos que quieras llorar).

Esperaré.
Aquí, sentado.
Cuidaré de tu sombra,
hasta el ascenso al tú más profundo.
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