Thursday, February 07, 2008

Oda al mentiroso

¡Qué injustos son con quienes padecen un miedo vil!. Les llaman cobardes, gallinas, falsos. El diccionario los califica de pusilánimes, sin valor de espíritu. Ellos no saben tratar a quienes sienten horror al llamar las cosas por su nombre. ¿Acaso no entienden que confesar sentimientos en algunos es un pánico trémulo para cada rincón del cuerpo? Ellos poco logran abrir el corazón, sufren estocadas diurnas y constantes hasta en los sueños. Les revuelve un fuerte huracán sin salida. Este pavor está lleno de laberintos, los sentimientos se convierten en pequeños niños autistas; por cada amor un silencio. Tienen necesidad de gritar, de contar, de hablar, pero les sofoca la incertidumbre, el después, el qué pasará. Hay escasos pretextos para estos pobres enfermos, uno, el gran teatro del imaginario perfecto, la máscara sonriente fuera y la boca quebrada hacia adentro. Otra, la dura solución de imitar al escapista, y viene la culpa, ese llavero que se lleva a la tumba. Los pacientes en tratamiento, dicen, están curados cuando hablan con la verdad, pero se arriesgan a un alud incesante que los puede matar o sembrarlos como árboles plenos de felicidad.

1 comment:

un sol said...

hace tiempo no leia algo bueno.
Tus boberias del corazón resultan.

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