Tuesday, June 16, 2009

EL CULEBRÓN DE IZAGUIRRE

(publicado en Tal Cual el 16 de junio de 2009)

Horas antes de dirigirse a firmar libros en el parque El Retiro, en el centro de Madrid, entra al lujoso Hotel Wellington ataviado con una gabardina negra y lentes Tom Ford. El salón del lobby voltea en pleno. Camareras, peñas de octagenarios, típicas "marujas"... todos los presentes se detienen ante su presencia y arranca el cuchicheo: Boris, Boris, es Boris.

Su nueva novela lleva el título de Y de repente fue ayer , la historia de Efraín Rotundo y Óvalo, ambos cubanos, ambos protagonistas de dos hitos de la historia latinoamericana: la revolución castrista y el nacimiento de la telenovela. ¿Intenta dignificar a la telenovela como género?
­-La telenovela es un auténtico producto latinoamericano, una de nuestras grandes verdades. Siempre pensé que este libro trataba sobre dos revoluciones; una es el hecho de que El derecho de nacer es la telenovela original, y por otra parte siempre supe que esa novela había convivido con toda la gestación de la revolución de Fidel. Ambas revoluciones son profundamente latinoamericanas. Voy más allá: una revolución ha llegado más lejos que la otra. El género tiene una penetración ideológica a través del sentimiento y de lo audiovisual que la revolución política siempre ha envidiado".

­La revolución chavista tuvo su intento de telenovela, pero sin mucho éxito.
-La telenovela y el escritor de telenovela no han contado con el abrazo ideológico de la intelectualidad revolucionaria.

­En Y de repente fue ayer toca un tema de mucha sensibilidad como es el abuso a menores.
-­Fíjate, otro gran evento latinoamericano no siempre reconocido como tal es la corrupción, que nos identifica, nos ha dado una idiosincrasia. Y en esta novela yo quería que la corrupción fuera más lacerante: estamos así porque nadie ha sabido paralizar ese animal. En esta historia tiene una carga repulsiva, y pensé que el abuso infantil era la mejor metáfora. Yo no he escrito una novela sobre la pederastia, pero forma parte.

­-¿Cómo llegó al tema central? ­
-Hace tiempo el diario El País me pidió una comparativa de la realidad política, la telenovela y su influencia en Latinoamérica, y me leí una entrevista de Félix B. Caignet (autor de El derecho de nacer), quien dejaba entrever que cuando ocurre la revolución no huye de Cuba y es arrinconado, devorado.

­-Las anécdotas que cuentan sus personajes en esta historia son insólitas, casi inverosímiles ¿con quiénes se documentó?
-Me acuerdo muchísimo de una conversación con Joaquín Riviera. Lo acribillé a preguntas del Tropicana, de cómo se montaban las escenografías, de una serie de personajes y de ciertas naturalezas del cubano; por ejemplo, que tanto ellos como nosotros no nos reconocemos negros. Yo supe que era negro porque me lo dijo mi marido ­"tú tienes rasgos", me comentó­ y eso en Cuba es un tema. Reconozco que esa conversación con Joaquín fue ¡wow!...

­-Su tratamiento de los dictadores militares es contundente, sus perfiles son impactantes por bizarros. ¿Tiene alguna posición fuera de la literatura?
-­Plasmo lo que pienso de las dictaduras que hemos detestado. Conozco pocos militares, conozco más hijos de militares que otra cosa, y son muy atormentados.

­-Jamás ha pisado Cuba, ¿cómo superó esa barrera?
-No era un obstáculo, era más bien un gran incentivo. La mayoría de la gente que va a Cuba no conoce Cuba. Encontré La Habana en muchos sitios: Sevilla, Buenos Aires, Estambul. Tenía un mapa en mi estudio, hasta hacía dibujos, prácticamente quería meterme en el mapa. Todo el mundo piensa que la isla es el malecón y una gente caminando, cuando realmente es un gran dinosaurio que flota en el mar como dice uno de mis personajes.

­-Sin lugar a dudas existen cabidas entre sus dos últimos libros. Y se ha declarado fan de todo lo de a tres. ¿Piensa en una trilogía?
-Sí, una trilogía sobre el dos. Villa Diamante es la historia de dos hermanas; la historia de Efraín y Óvalo es de una gran amistad, y así como escribí sobre un país que no conozco físicamente, ahora escribo sobre una pareja que tampoco conozco físicamente: la heterosexual.

Al terminar salió corriendo contra reloj al encuentro con sus lectores. "Corro todas las mañanas con mi entrenador y mi esposo por este parque", dijo. Y bajo el leve sol primaveral aguardaba una larga fila esperando por su autógrafo.






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