Thursday, July 23, 2009

EN UNA SENTADA



Todos los días fue con alguien distinto. Empecé con Ryunosuke Akutagawa y terminé con Oscar Wilde. En total fueron veinte. Ninguno de ellos duró más de tres días, ni siquiera el prólogo.

Dijo Baltasar Gracián "lo bueno, si breve, dos veces bueno" y es la primera frase que llama la atención del libro CUENTOS BREVES PARA LEER EN EL BUS (Verticales de bolsillo, 2007). Maximiliano Tomas, es el editor encargado de hacer la selección de estos relatos, en su mayoría suerte de primer acercamiento a autores a los que no llegaríamos con facilidad o de los que podemos adivinar una obra densa y que quizás jamás nos atreveríamos a abordar.

Si somos esclavos o víctimas de las multiples interrupciones con las que la vida moderna ataca la concentración en las más simples de las actividades cotidianas, entre ellas la lectura, esta edición trata de ser antídoto contra ello (y es ese uno de los principales argumentos de su empresario). Pero si por el contrario somos inmunes a la llamada del celular, a la presión laboral, la alocuión presidencial o al corre-corre de la ciudad, entonces es una opción para el oficio de adentrarse en pocos pasos al primer Guillaume Apollinaire, Mark Twain o el más joven Chéjov.




En 2008 publicaron CUENTOS BREVES PARA SEGUIR LEYENDO EN EL BUS, una segunda tanda, renovando los autores y consiguiendo sus flores menos conocidas. Esa es otra de sus premisas, descartar los textos laureados e indagar en los relatos más cortos y menos leídos de -por ejemplo- un Edgar Allan Poe.

Cuales quiera que sean las tribulaciones que nos agobian a diario, hacerse de un ejemplar de estos derrota la celebérrima excusa: "es que no tengo tiempo para leer".

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