Sunday, August 30, 2009

MARTIRIO, OJOS COLOR MIEL.

“Yo andaba naufragando por los treinta, éxito para nada. Oye como fatal, desesperada, vamos, hundida y entre mis labios triste y soñolienta una colilla se quemaba”, de eso hace un cuarto de siglo y con esa frase empieza la primera canción del disco MARTIRIO 25 AÑOS.
Plaza Santa Ana, Madrid-. El Café Central es una suerte de pub de jazz donde reconocidas figuras del arte español e internacional se han dando cita, apenas unas doce mesas pequeñas (a lo sumo quince), una barra y una tarima componen el local. Se entiende entonces que los asiduos a este bar son melómanos incorregibles y que sus empleados están familiarizados con el mundo de la música. Cerca de las ocho de la noche hace su entrada Maribel Quiñones, una mujer entrada en los cincuenta años, de ojos “color miel” como le gusta decir a Raúl Rodríguez, su hijo. La dama oriunda de Huelva es consultada como cualquier asistente sobre el número de personas que le acompañan para ser sentada en una mesa, “viene a hacer una entrevista” dice Jorge Camarlengo su jefe de prensa, sí, jefe de prensa porque la andaluza en cuestión es nada más y nada menos que Martirio, sólo que los lentes oscuros están guardados para “cuando hagamos las fotos”. “Claro es que sin las gafas no se reconoce” remata la camarera.

Toda mujer que hoy ha llegado a los cincuenta años ha sido testigo de una mitad de siglo vertiginosa, muchas dicen empezar a vivir una nueva vida y muchas de ellas les apetece hacer memoria y cuenta. Hace venticinco años que Martirio se montó sola a un escenario, un 8 de marzo, día causalmente de la mujer trabajadora. “Siento un momento muy especial, sé mucho mejor lo que no quiero, con muchísima ilusión y muchas ganas, siento que de alguna forma estoy encontrando mi sitio en la música, con un reconocimiento y un respeto como pocas veces lo he sentido. Por dentro sigo siendo una niña total, una sensación de no tener años, y sé muy bien estar sola, con lo cual la próxima persona que venga a mi vida va a poder contar con esa educación sentimental que ya tengo”.

En el canto su voz es cada vez más profunda, también es como si el tiempo pasara ese abanico tan folklórico que orgullosamente refresca su garganta, “a mi la palabra maduréz no es que me guste demasiado, pero sí estoy más hecha, como cantante, como mujer y como madre, si Dios quiere como abuela… yo recuerdo que cuando era joven una mujer de cincuenta años era otra, vamos, que ahora estamos muy v
írgenes todavía para decir muchas cosas guapas”.
Se le han puesto muchas etiquetas, ya que su paseo por lo géneros musicales han saltado del rock al pop, del jazz al bolero, del tango al flamenco, y a veces todo ello bien picado y directo a la licuado ra “siempre digo que soy adulta prodigio, me hizo muy bien empezar a esa edad, ha sido una carrera atípica pero con criterio y un sentido muy claro de libertad, con una idea muy puesta en cuanto a la estéti ca, porque sigo siendo la de las gafas y la peineta, tengo baúles y una expocisión que me encantaría hacer…” Dice estar escribiendo cada vez más el destino del personaje, ha llevado en el moño platos rotos como peineta, fantasías gaudianas, rascacielos; cuanto ícono de la historia que ha vivido le ha pasado literalmente por la cabeza.

Pero Maribel que no es lo mismo que Martirio sino todo lo contrario, hace malabares de identidad es una misma persona, hace las compras del mercado sin los lentes de sol, o se monta en el metro igual sin ellos, atraviesa las calles de su Madrid sin que una sola persona le pida un autógrafo “sabes, soy de la casa”. También es madre de su productor musical, su hijo interpreta la guitarra como los monstruos; ella sabe moverse entre esas paredes invisibles porque lo ha inventado “yo no creo que sean barreras, son compartimentos, sobre todo de compartir, Martirio es un personaje que se inventa Maribel para ser ella misma, para sacar su mejor parte, y lo de mi hijo es una felicidad porque nos tenemos mucho respeto y después un enamoramiento hacia la música”.

Las diesciseis canciones del disco MARTIRIO 25 AÑOS EN DIRECTO, acumulan todas las etapas antes mencionadas, ha estado acompañada de un trío de jazz, del big band, sola al piano de un magistral Chano Domínguez, hasta del tres cubano y la trompeta de Jerry González. Ahora un formato muy esencial marca este aniversario: “es llegar a hacer un repertorio desnudo, estirar las canciones y abrir una especie de abanico por todos los géneros que he tocado, con el arreglo más sencillo y más complejo musicalmente, con un piano, una guitarra y una voz, ahí hay que tocar y hay que cantar de verdad, no hay engaño posible…”

El verbo de esta mujer que bajo las gafas oscuras oculta una mirada mística y maternal, está lleno de una carga poética y un lenguaje-bálsamo que se ha quedado en la oratoria y no ha vuelto a cantar sus propias palabras “quiero volver a componer, me cuesta mucho estar de gira y ponerme a escribir, yo necesito tener una tranquilidad grande, poderme esconder y estar metida muy dentro de mi. Tengo ganas de hacer un homenaje a las mujeres que me han influído desde Soledad Bravo hasta Chavela, vamos, tengo muchas ganas de escribir sobre las mujeres de mi edad”.

Ahora mismo recorre España y a la par medita la preproducción de un proyecto dedicado a nuestro continente, a nuestro idioma junto al pianista cubano José María Vitier “me apetece mucho darle el peso a la palabra, que se empiece a hablar más de la poesía que en un tiempo como este tan homogéneo, gobal y material, hace falta leer una cosa que te enriquezca y te haga pensar, que te abra la cabeza, los ojos y las tripas… a mi me encanta mi país pero me vuelvo loca cuando me dicen que vaya a latinoamérica”. Y es que sus últimos trabajos llegan con sabor a bolero, tangos y un cancionero latinoamericano poco popular por desconocido y rebautizado por su flamenco. “Más generoso es ese continente conmigo. Yo huyo de lo obvio, me apetece mucho descubrir y no he visto más alma por metro cuadrado que allí, o sea, he encontrado un cariño, una humildad, unos valores, mucha educación también, mucha hermandad”.

Ella quiere amar, amar en libertad porque nació mujer para querer y hacer su santa voluntad, como lo canta desde lo más adentro de la España que le abre cada vez más ventanas al otro lado del charco.
Fotogrfías: Óscar R. Villalobos, Paco Rubio y Pablo Juliá.

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