Saturday, September 19, 2009

¿CUANDO NADA IMPORTA?




"...¿cómo nos daremos cuenta de que hemos recaído
si por la mañana estamos tan bien
tan café con leche
y no podemos medir hasta donde hemos recaído en el sueño
o en la ducha
y si sospechamos lo recadente de nuestro estado
¿cómo nos rehabilitaremos?..." 

ME CAIGO Y ME LEVANTO, Julio Cortazar

La imagen del artista maldito la tengo muy clara, al menos su ejemplo. Entra la diva, negra, imponente, pero sudada, con los rollos de las carnes sobrantes visibles pues anda en traje de baño y pareo. No carga joyas encima, le guinda una cadena dorada con una llave como dije, más un reloj de correa de cuero y sin pretensiones para jactarse. Es Nina Simone en algún año de la década de los ochenta en el Festival de Jazz de Montreaux.

La capacidad de autodestrucción de algunos seres humanos siempre me ha resultado fascinante. Específicamente en el caso de los artistas, de los músicos para más señas. Interpretar y transmitir el dolor que atraviesan, esa autoflagelación que citaba Capote en su prefacio de Música para Camaleones, es sin duda, desde mi óptica, una arma de seducción.

Hay mujeres que se derriten por el músico mal bañado, perdido, inestable... más allá de su talento, aquella laceración les atrapa. Me topé en una página web con un caso emblemático, Chet Baker. El trompetista y cantante americano,se dejó documentar en 1988 por el fotógrafo y director Bruce Webber. Ya lo vieron, desdentado, surcado por los excesos y aún así rodeado de chicas y en la posibilidad de montarse en un escenario, mostrando su crucificción, compartiendo la miseria de vida que eligió o de la que no pudo escapar.

Nina Simone nunca informó de su bipolaridad, se inmoló, sufrió el penoso cáncer de seno que por supuesto la torturó y se mantuvo apasionada contra su piano y frente a millones de personas. En aquella jornada de Montreaux olvida la letra que cantó toda su vida "My baby just cares for me". Hay un micro segundo en que se derriba por completo, vuelve a cantar sumida en un llanto breve y cierra su intervención volando vertiginosa como el papagayo que estuvo a milimetros de estrellarse. Se levanta del piano, y al termino, saberse querida aún en su estado deplorable la anima a alzar los brazos y gritar "good night everyone".



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