Wednesday, September 23, 2009

MADRE



Estudié mi bachillerato en el Colegio La Merced de Caraballeda, estado Vargas. El colegio subvencionado por la Asociación Venezolana de Educación Católica, pertenece a la orden María de las Mercedes. A dos madres les debo mi educación, la primera, mi mamá, mami, Zenaida, es decir, la biológica. Y la segunda, es más bien un conjunto de madres religiosas. Esta otra madre, porque no quiero referirme a una monja en particular, me tocó con las mismas características de la primera: uno no la elige, sino todo lo contrario, ella te elige. Fui elegido por las menos conservadoras, pero poco liberales. Y es que en el colegio, aunque en su mayoría eran españolas, latinoamérica supo darse cita dentro de las madres que componían la generación con la que fui al colegio. Las hubo colombianas, peruanas, guatemaltecas y seguro se me escapan otros gentilicios. Aquella convergencia de realidades disímiles le dió su toque particular a La Merced.

La compañía que se hacían todas ellas siempre resultaba para nosotros un mundo por descubrir. A medida que pasábamos de grado bajaba el número de elucubraciones; que si tienen la cama de madera y no usan colchón, falso, que si guardaban rituales secretos, falso, que si habían niños castigados en el sótano, falso, que si la superiora venía de Alemania y guardaba relación con el régimen nazi, falso... pero en el fondo nos encantaba cultivar los mitos entorno a las mujeres que nos imponían una disciplina y una religión.

Poco me quejo de la educación católica, las pequeñas recriminaciones relacionadas a esa etapa de mi vida van más directamente a la iglesia, pero eso es tema de otro post y otro momento.

Anoche, el programa REPOR de TVE documentaba en su reportaje "Mujeres de Dios", como a lo largo de los años la iglesia mantiene sus gringolas frente a la realidad y papel de la mujer del siglo XXI y su adaptación a la teología de nuestros días. En el 2000 las mujeres son presidentes, jefes, han logrado escaños en muchos y protagónicos escenarios, menos en el ministerio de Dios.

Las monjas son las mejores administradoras, inigualables docentes, excelentes cocineras y sabias consejeras. Carecen de ciertos vicios que sobran bajo muchas sotanas y en el fondo son las mejores madres o hermanas, como quieran llamarles, con las que la buenaventura nos puede dotar. Me uno pues a la liberación de las mujeres de Dios.


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