Wednesday, January 20, 2010

DÍAS DE: CARTAGENA (III)



Me propuse hacer una ruta gastronómica de la ciudad. Cuando ando de viaje recurro poco a las guías, publicaciones o crónicas que recomiendan un sitio, es más, le llevo la contraria a las directrices de los taxistas. No dejo que mi hambre le gane a la razón, para no entrar en el primer establecimiento que se me atraviese. Es decir, me gusta hacer de mi cuerpo una brújula, pruebo la energía de los portales, veo las caras de los comensales, o sea, diseño un exámen para elegir el restaurant que voy a probar en el destino escogido.

Ciertas calles de la ciudad antigüa de Cartagena se han vuelto famosas por su seguidilla de noveles comedores, en donde el chef es extranjero y el local es atendido por la esposa (novia) colombiana (o vicecersa). Me decidí a las 08:00pm por OH! LÁ LÁ.

-¡Qué pena! Sin reservación no le garantizo nada- dijo Carolina Vélez la primera vez. Pero Tauro, mi signo, terco por naturaleza, se mantuvo parado con una sonrisa esperando por una mesa para dos personas. Para hacer el relato breve, más que breve, coherente: Pasamos tres horas parados, confiando ciegamente en la sonrisa de Carolina y poniendo a prueba su don de anfitriona.

Del yo terco aflora un yo paciente, y ese yo paciente ama contemplar. Pude discernir los distintos niveles de la burguesía colombiana, conforme se paraban y sentaban familias (que sí habían reservado). Entendí en la maitre, al colombiano tosudamente trabajador. Confirmé que a las parejas añejas les encanta sacarle conversación a las parejas jóvenes. Que el poder de concentración de un chef es como el de un escalador, al menor quiebre cae estrepitosamente. Y decirle a un músico bohemio, "Me encanta como interpretas", lo aleja dos pasos del abismo que es su tremenda soledad.


PD: Valió la pena esperar, por lo visto y lo comido.

No comments:

Related Posts with Thumbnails