Monday, January 04, 2010

EL DIABLO YA NO ESTÁ




Isla de San Andrés en taxi

Transito por tierras donde el demonio tuvo hogar,
su estela -no así su olor a azufre- se mantiene ligeramente en la atmósfera.

Se reconoce su paso en las pieles oscuras y
miradas que nadan en amarillos en vez de blancos.
Famélicos ancianos, (ex) pescadores, sin fibra, sin músculo,
Son despojos de sol, huesos y piel magra.

Las cicatrices del diablo también están en los palacios abandonados,
en el abdomen prosaico y mal suturado,
sobre el lomo lleno de moscas del único ganado
y el niño cubierto de tierra, relleno de lombrices.

La cola del mal dejó su rastro en el miedo de todos.
En los pueblos donde pasó lo malo,
las gentes le temen a la reja que quedó entreabierta
cuando el tirano escapó,
porque dudan y dudarán por mucho tiempo su libertad.

Llueve, que venga y que vaya el agua.
Llueve, que se curen con agua dulce los arrecifes.
Que siga lloviendo, para que la impureza de la pólvora blanca
haya desaparecido para siempre del paraíso.

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