Sunday, January 10, 2010

GUILLERMO VUELVE DE VACACIONES





Guillermo despertó con la televisión de su habitación de hotel encendida. Nada más y nada menos que con la explosión (incendio, llamarada, boom, bang, gritos en dolby surround stereo) del avión de un show americano de altísimo rating. ¡Carajo! Se dijo a él solito. La noche anterior había dejado todo su equipaje listo, para bien temprano aprovechar el servicio del desayuno y no andar de carreras, como no es ni ha sido nunca su costumbre. Pero se llevó esa imagen-despertador al comedor.


Listo, llegó la van. Puso su cuerpo dentro del vehículo justo cuando la tormenta empezaba a desatarse en la isla, sí, es una isla, Guillermo vacacionaba en una isla caribeña, o sea, cálida con coctelitos de bienvenida, negras sonrientes, vendedores de collares, mendigos tostados de la piel y de la cabeza. El chofer, muy gentil, luego de acomodar el equipaje le entregó al “Señor Guille” la prensa del día (es sabido que llamar calurosamente al turista va con las normas y el deber ser de los anfitriones).


ATRAPADOS LOS TERRORISTAS QUE INTENTARON TUMBAR EL AVIÓN, era el gran titular del día. Súmale a esto el avión en llamas de ficción, empezaba hablarle una de las voces internas que siempre le hablan a los viajeros solitarios, la voz del miedo en este caso que siempre anda sin oficio y queriéndole hablar a uno, a usted también.


Guillermo intentaba despertar las voces del optimismo, la de las tareas pendientes, la voz de los recuerdos gratos, pero esas voces estaban durmiendo, el vuelo de nuestro protagonista salía muy temprano. A partir de ahora el “Señor Guille” sufre cierta angustia. También se sabe que las tormentas y los aeropuertos viven en permanente pugilato.


Llegaron al aeropuerto, el pasajero prefirió dejar la prensa del día en el vehículo, agredeció la cortesía del paraguas por parte del conductor y entró a chequearse. Qué otro estereotipo sino el musulmán podía ser el protagonista de los titulares vinculados al terrorismo. Ah, cabe acotar que la isla donde vacacionó Guillermo vive una cruenta guerra contra guerrilleros que tienen como actividad poco frecuente (afortunadamente) tumbar uno que otro avión comercial.


¿Quién era el hombre que antecedía a Guillermo en la fila de chequeo de su línea área, sin afeitar, greñudo y con unos papeles escritos en letra árabe legible? Era la pregunta que se hacía ahora la voz del miedo del angustiado. Sí, nuestro protagonista ahora viaja con un presunto musulmán, lo etiqueta de presunto porque la voz del impávido pidió ser despertada de inmediato, es la voz que mejor sabe pelear con la del miedo, porque es una voz optimista, pero en el fondo un poco floja.


Bueno, habrá que jugar sudoku, le dijo la voz de la distracción, que también se estaba incorporando al día.


666. ¡Tres veces el seis para un sólo sudoku! Sí. Punto para el miedo. Guillermo decidió recorrer las tiendas libres de impuestos, la mejor arma del impávido en estos casos.


Llamado para el vuelo que el prota de esta historia debe embarcar. Al lado del buen hombre que viaja solo, tendrá como personaje incógnito a una mujer que viene leyendo a Pessoa, delgada, joven, seguramente interesante, porque no viene leyendo ni autoayuda ni ningún bestseller de dudosa reputación. La agradable señorita viene sólo con un equipaje de mano, su cartera. De estas carteras modernas, brillantes, poco playera la verdad, no como para una isla, se dijo Guillermo. Momento, la cartera tiene un estampado curioso, no será difícil de apreciar perfectamente. A ver, señores una calavera perfecta y tenebrosamente ilustrada. Otro punto para el miedo. Va ganando el miedo con su trofeo la paranoia perfecta.


Señores pasajeros, dice el capitán de la aeronave, excelente aeronave, Volaremos a tantos pies de altura, como saben nuestra isla vive una ligera tormenta, pero no se preocupen, no hay nada grave, solicitamos cumplan con rigor las normas de seguridad que nuestras aeromozas dictarán.


Se dictan las normas.  A esta hora el cuerpo de Guillermo tiene dos omelettes dentro: la del desayuno de su hospedaje, y el revoltillo hecho con el avión de la serie, el titular del periódico, el presunto musulmán, los tres seis del sudoku y la calavera de su compañera de viaje.


Un niño, de los varios que viajan juega con su Nintendo DS, SD, DSD, LCD o como quiera que se llame, Salve Dios, dice el angustiado, al menos un niño que no hará alboroto. Una adolescente dos puestos adelante, a la vista de Guillermo, enciende su iPod. Momento, ¿no dijo la aeromoza que los artefactos eléctricos deben estar apagados? Y tanto el niño como la joven usan dos elementos que van contra las normas de seguridad del vuelo. ¡Cóño! Punto para el miedo. Mucho average para nuestro susceptible protagonista.


Éste avión no se va a caer, Éste avión no se va a caer, Éste avión no se va caer, recurso barato de la voz impávida. ¿Quienes van en los asientos de emergencia? Del lado izquierdo una pareja de recién casados, se ven recién casados porque se besan, no se despegan las manos cogidas y los anillos brillan todavía. Qué bonito es el amor nuevo, se dice Guillermo, si yo hubiese sido menos complicado, en fin… Veamos del lado derecho. ¡Oh no! la misma pareja cuarenta años después, ¿no están un poco viejos para volar en esos asientos?


La próxima vez, dijo la voz interna principal, la voz de la consciencia en jefe, ¡tráete unas drogas para dormir Guillermo!


FIN

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