Thursday, February 18, 2010

EN DEUDA CON LA DOÑA

Como muchos, la primera vez que leí Doña Bárbara lo hice con el difraz propio de las primeras veces: jeans, chemise beige y una modorra enorme por el bachillerato. Fue una lectura a juro, con una profesora muy mediocre que nos daba libros resumidos en cuartillas fotocopiadas y sin alma, es decir, fue una lectura carente de cualquier pasión.

Mi regreso a Doña Bárbara fue apasionado y ávido por ser más serio con la vida (y Gallegos). Lo terminé de leer en unas vacaciones en el D.F. mexicano. Me hacía ilusión alcanzar el final de ese libro en la ciudad que sirvió de exilio a su autor y donde él mismo hizo una última corrección del texto ya publicado. 
Una vez digerida la historia, una vez abofeteado por las verdades de la vida, me parecía insólito que aún no fuese la gran película venezolana, o que de alguna manera en el mundo de hoy no contásemos con un film propio del reconocimiento mundial. Claro que tenía información de la versión protagonizada por María Félix... y a eso voy.

Me negué a buscarla y apareció de repente anoche en la televisión, otra vez, Doña Bárbara hablando de llanura y el Arauca con los acentos donde no van. Nuevamente unos peones de hacienda como si fuesen extras de un western, y para rematar la Marisela menos fiera posible que México pudo ofrendar.

Ojalá algún día el mundo moderno salde su cuenta y rinda tributo como debe a la devoradora de hombres y en el fondo a Gallegos.

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