Saturday, February 13, 2010

LA MAISON DE SHAKESPEARE

 
 David Delannet, el príncipe consorte. Fotografías José Pisano
La traducción estricta al castellano para la palabra tumbleweed sería planta rodante. Estamos acostumbrados a los tumbleweeds en las películas del lejano oeste americano, son esas esferas de paja que ruedan en la soledad de los pueblos agrestes. Para George y Sylvia Whitman, padre e hija respectivamente, el termino decidieron acuñárselo a los jóvenes que deambulan a diario dentro de su vivienda. Estudiantes y amantes de los libros, que en su mayoría, tocaron la puerta de un sitio cargando a cuestas una mochila, un proyecto literario y el costal de experiencias vacías ávidas de ser vividas en París con Notre Dame como vista diaria y la ciudad luz de laberinto. Shakespeare & Co. es más que una librería de leyendas y mitos entorno a su fundador, se trata de un espacio pegado al Sena, lleno de libros, tantos, que algunos aún permanecen ocultos a sus dueños.
 
Sylvia Whitman, la hija de George.

Muy cerca de la Catedral de Notre-Dame, entre el Sena y el boulevard Saint-Germain, en el número 37 de la rue de la Bucherie hay un edifcio antiguo (y qué no lo es en París) que pasa totalmente desapercibido, su arquitectura es corriente pero cuenta con una perspectiva idílica de la mencionada iglesia. “Este edificio fue un monasterio. Los monjes abrían sus puertas para acoger a los forasteros que venían en busca de limosna o a disertar sobre la fe” habla David Delannet, ataviado de un cardigan, rubio, con lentes redondos, joven profesor de literatura de una universidad norteamericana en París, pero también regente de la legendaria librería Shakespeare & Co. que ahora queda donde aquellos monjes oraban enclaustrados.   
Hace cincuenta y nueve años, un norteamericano nacido en Salem, Massachusetts, con hambre de experimentar la Europa de la post guerra y queriendo mejorar su francés en La Sorbona, llega con una maleta repleta de libros y un cuarto de hotel reservado. George Whitman (quien no guarda ninguna relación con el famoso poeta del siglo XIX) inspirado por la vida bohemia, los fantasmas que asechan el caracol infinito que es París y algunos amigos de la universidad, decide abrir una librería movido por el crecimiento de su colección de libros, lograda ésta una vez instalado en la garganta de Francia.   


Luego de varias mudanzas, algunas santamarías abajo y buscando el sitio ideal, Whitman refunda finalmente en 1964 Shakespeare & Co. en honor a la antigua librería homónima, propiedad de Sylvia Beach, editora del Ulises de James Joyce y que luego del arresto sufrido por la ocupación alemana debió cerrar ese templo que una vez acogió en personajes como Hemingway, Lacan o T. S. Eliot.  

De regreso al siglo XXI, con 95 años y padeciendo las indignidades de la vejez, George Whitman ha dejado que la responsabilidad de su monarquía literaria recaiga en manos de su única hija, Sylvia Whitman y el príncipe consorte, David. “En cincuenta años nadie había puesto orden en el primer piso. George tenía desde luego un orden, pero su orden” la primera sensación al penetrar el interior de la librería es la mezcla de olores; huele a terciopelo magro, madera, libros usados y piedra húmeda. Desde que el local se encuentra en ese edificio han progresado habitando la totalidad del mismo. En la planta baja se consiguen las publicaciones nuevas y los libros usados que están a la venta. La impresión que causa este nivel es la de una librería convencional atiborrada por carecer de espacio. Sin embargo, al subir al primer piso el embrujo se hace presente, no hay un solo espacio vacío, es como si acabasen de depositar todos los libros de una gran biblioteca en ochenta metros cuadrados. Es entonces cuando los clientes al internarse en las habitaciones se consiguen con jóvenes tumbados en catres europeos, durmiendo o leyendo, como gatos parisinos echados por las esquinas. Son los huéspedes de la librería, los tumbleweeds, estudiantes de cualquier parte del mundo que “vienen y van con el viento, George siempre ha estado fascinado con la idea del viento, cuando su primera librería quedaba en Saint-Michel llevaba el nombre de Le Mistral, a propósito de la corriente que proviene del sur”. Forman parte del staff que trabaja en Shakespeare & Co. “No tenemos control, esto es un experimento de comunidad, no hay jefes, el único jefe podría ser Sylvia, quien tiene mucha intuición, no hay una escala para valorar la entrada de estos muchachos. Primero que todo no existe reservación, llegas con tu equipaje, eres sincero, tienes un proyecto literario, debes dar la impresión de no causar problemas, ¿cómo saberlo?... Sylvia hace buenos juicios sobre las personas”  


Más de esta crónica en la edición N°36 de El Librero.

1 comment:

milagros said...

exelente jonathan, este articulo me trae muy buenos recuerdos.
gracias,
milagros

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