Saturday, May 22, 2010

ATERRIZAR DE NOCHE

 
La primera vez que me monté en un avión tenía 9 años. Era un viaje familiar para Aruba. Nunca había volado y al mismo tiempo estrenaba el uso del pasaporte.

Lo primero de la experiencia dentro del avión: descubrir tu rol como pasajero. Así como algunos nacen zurdos u otros no toleran el chocolate, yo soy de los que pide la ventana. Desde siempre supe que quería la ventana. Mirar por la ventana durante un trayecto es mi nota, pero eso es tema de otro post.

Volviendo a las vacaciones familiares, una vez montados en el avión, mi memoria no atrapa si hubo discusión o no, pero a mi me tocó la ventana. Siempre he sido malo para nociones geográficas, de tiempo, cantidades… de niño una hora de vuelo para mi se traducía en la eternidad de un viaje donde iba a ver el amanecer desde los aires, aquel Maiquetía-Aruba no fue el caso.

Pocas decepciones me son dolorosas como la de aterrizar de noche en una ciudad, peor aún si tengo expectativa. Escribo desde El Cairo, ciudad a la que acabo de llegar y donde pensaba que iba a llegar viendo desde la panorámica de los dioses cosas como el Sahara o el Nilo, pero no, me equivoqué, volví a aterrizar de noche.

P.D.: cada vez envidio más el sueño ajeno durante los vuelos,  a las personas que logran caer rendidas fácilmente, grrr provoca despertarlos.

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