Sunday, May 30, 2010

CILANTRO

 
O me consumen, o se me van, dice un amigo cada vez que hemos dejado de libar en su casa. Pues de El Cairo nos vamos. Aparentemente no hay mucho más por consumir; desde el punto de vista de la agencia de viajes hemos descubierto lo posible, yo digo que lo evidente. 

“Este es un viaje que empieza con la negación” dice el señor Giovanolli, porque cuando empiezas a explorar estos países piensas que muy probablemente no tendrás la oportunidad de volver.  

Me pregunto si volveré, si estaré vivo para ver una modernidad que camina lentamente y con grilletes, pero que avanza en Egipto. Si a mi vuelta asistiré a otra de las pocas maravillas que escapan de ser construídas en piedra. Si mi regreso es después de diez o veinte años, espero que las pestañas pobladas de cualquier bazar me atiendan con la misma seducción y que su comida siga abarcando todas las hojas que brotan llenas de olores explosivos y audaces gracias a la contundencia de un río imperioso. Y que me siga esperando igual de limpio, lo único limpio aquí, el mediterráneo.

Aquí paro, levanto el derriere de esta suerte de Starbucks que esta vez se llama CILANTRO, porque me aprovecho injustamente de su internet inalámbrico, injustamente porque no he consumido. ¡Me voy!

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