Sunday, August 08, 2010

PONERSE VERDE


La protesta me fue censurada, estoy casi seguro, desde siempre. No replicarle a mi madre, no replicarle a mi padre, no replicarle a las monjas, Chito, Es así, Se me calla, O se monta o se me baja, Gústete o no te gústete.

¡Qué difícil ha sido quitarse de encima ese NO! Cuando empecé a andar a mi aire, con mis amigos, solo, con extraños, conociendo las otras normas, encontrando las otras maneras de educar, me costó adaptarme a que alguien devolviese un plato, a decirle apropiadamente al taquillero del cine unas cuantas verdades, eso, a protestar. Digamos que la edad y la elasticidad desde mi origen me han hecho mutar.

Hay días que no me conozco y me vuelvo un cartas al editor con piernas. Esta noche caminaba por un estacionamiento rumbo al cine, venía de un concierto de música académica y una cena bien servida. Mi sonrisa era mía hasta aquella corneta histérica. Vi a la conductora, una señora en sus sesentas. Se me puso la piel verde y volví a desconocerme, elevé mi mano derecha, o sea, el manoteo, la increpé con señas, ella se molestó y volvió a tocar corneta y yo me olvidé de su edad, volví a manotear el aire buscando su atención y mis labios decían -¡Más sosiego señora!-. Espero que al menos me haya leído porque nunca bajó el vidrio.

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