Thursday, September 16, 2010

LA BIBLIOTECA DE TODA LA VIDA

Fotografías: José Pisano
Todas las referencias están apiladas, subrayadas, resaltadas, todos los chinches del corcho están ocupados en Alejandría y al final sigue quedando la noción de lo desconocido. Después de atravesar un peaje sólido de arena durante tres horas en una carretera desde El Cairo, finalmente se anuncia el mar con la brisa y la peatonalidad gruesa de unos egipcios “más civilizados y modernos” acota Aisham, el guía. Al transitar la decadente plaza Ahmed Orabi, símbolo de las revueltas contra los europeos en Egipto, aparece el mediterráneo y al termino de un largo malecón una estructura cónica truncada y primer monumento a la modernidad visto en todas las horas de ruinas, la nueva Biblioteca de Alejandría.


Los guías hacen lo mejor que pueden por cumplir sus treinta minutos de exposición. En este puerto fundado por Alejandro Magno, la palabra hablada ya se ha usado lo suficiente para explicar o convencer a los demás. En una frase corta Aisham resume lo que ocurrió con la próxima biblioteca construída por órdenes del emperador Tolomeo III. El guía lo simplifica diciendo “fue quemada nuevamente desapareciendo en el siglo IV”. Pero la historia y el final de la llamada Biblioteca Hija, va por estos derroteros: fue fundada en el templo de Serapeo, y aunque no hay testimonios concretos y exactitud de los acontecimientos, se afirma que la conquista del cristianismo y sus rigores arrasaron con todo, hoy sólo queda una columna de treinta metros de alto, donde algún día se creyó que la cabeza de un emperador romano reposa a manera de trofeo para el César, la famosa Columna de Pompeyo, ese es el único testigo de la segunda biblioteca.


Más de esta crónica en la edición #42 de El Librero.

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