Monday, November 29, 2010

LOS ORATORIOS DE LA TELA

Henri de Toulouse-Lautrec. Yvette Guilbert. 1893
Tengo noches contemplando esta pintura hasta conciliar el sueño, ha servido de antídoto para el insomnio. La imagen viene estampada en el marcalibro que elegí para TRES CUENTOS, de Truman Capote. Y me ha convocado a decir sobre uno de los rituales que hace las veces de vasodilatador de mis sentidos: los closets y sus dueñas.

En una misma semana he entrado nuevamente al templo de dos mujeres maravillosas. A la casa de una llegué justo cuando terminaba de maquillarse, ese momento en que la piel apenas se seca y sólo ella es cubierta por su ropa interior y ese grueso algodón que seca lo que queda húmedo, la bata de baño. La primera, a quien le llamaremos cariñosamente la Señora Swanson, hablaba de su rutina mientras su enorme perro veía, como yo, la manera en que cubría sus caderas en una seda leopardo envuelta en encajes. La Señora Swanson cree fervientemente en dos máximas indisolubles, a saber, "la calidad se impone" y "lo caro dura toda la vida", por eso tiene cada zapato en la misma caja en donde vino, cada cartera Chanel en la bolsa de tela que la protege de una atmósfera impura y callejera,  Caracas. Todo en sus cajas, todo el closet lleno de cajas y con un impactante olor a nuevo, aún cuando fue comprado hace décadas.

La segunda, la Callas, tiene un perro menudo, pero dos hijos que viven la edad de la destrucción de los hogares. La Callas acaba de hacer limpieza de su closet, porque la vanidad que le apresa le impide repetir prenda, entonces tiene que deshacerse de muchos vestidos, muchos de ellos, sin más del primer uso. "Esto no me lo he estrenado" pero no le ha llegado la hora, "esto viajó a París, pero no me lo puse". Lleva a cuestas un padecimiento estúpido, frívolo y sólo confesable en su armario. "¿Y esto? Espero que nadie lo recuerde, porque me serviría perfecto para la cita de mañana". Los zapatos de esta rubia Callas no están cuidados como los de la Swanson, la diferencia probablemente esté en que ella tiene más hijos que atender.

Ambas visten sufriendo, y causa en mi una compadecer que sólo quien vea estos dormitorios y sus amas, podrá entender.

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