Sunday, November 14, 2010

VESTIRSE FELIZ


¿Cuándo fue la primera vez que decidí qué vestir sin autorización previa de mis padres? No lo preciso. Mi relación con las prendas de vestir ha sido de total ensayo y error. Lo que tengo claro como si hubiese sido esta mañana fue la siguiente escena:

-Mamá pero si todos mis compañeritos lo tienen y yo no
-Y qué pasa con eso 
-Bueno, que nunca ando de moda
-En esta familia nunca se lleva 'la moda'. 

Punto, se acabó, cerrada la rueda, abajo la santamaría, puertazo al closet. Ponerle una etiqueta a la manera en que mi madre nos vistió: clásicos. Bermudas, chemises, alguna vez llevé unas vergonzosas sandalias; también vestí franelas ligeramente estampadas y compradas en Punto4, pantalones caqui, azules marinos, negros rara vez. Las perchas formales eran una tortura, mi talla ascendía entre matrimonio y matrimonio.

Vino la juventud rebelde, el desprendimiento y la universidad, comencé a trabajar (y rebajar también), a comprar con la labrada paga lo que visto, y ese puede ser el epicentro para desarrollar un estilo. Toda esta perorata no es sino para justificar los experimentos que cometo a diario, y conforme meto y saco de las gavetas me aseguro de un simple principio, quisiera divertirme cada vez más a la hora de portar prenda. Sírvanse cortesía de Lazy Oaf:







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