Saturday, December 25, 2010

CONOCERNOS MEJOR

El Manipulador de Hombres, Abel Quezada
Dos sobremesas con platos internacionales, la primera china, la segunda, árabe, decantaron en un tema que creo, la generación a la que le tengo un tonel de fe, la de finales de los ochentas, va a resolver. Este año ha estado muy presente en mi el asunto latinoamericano, un poco más por encima de la unión de los pueblos y otras peroratas domésticas.

Todo empezó cuando fui invitado a México este año por un canal de cable dirigido por argentinos. En la mesa eramos un venezolano, y cuatro argentinos. Uno de ellos me decía que nuestro problema de "unidad" radica en el desconocimiento que tenemos cuando no somos tan vecinos. Y hablamos básicamente del lenguaje, porque algunos shows que se transmiten para todo la región funcionan muy bien en ciertas capitales y en otras simplemente apagan el televisor. Y vino el clásico ejemplo de El Chavo, con la conclusión, "Chespirito no buscaba la neutralidad, simplemente era bueno y más bien afincaba sus modos autóctonos". Por tanto para pegarla en Latinoamérica no hacía falta adaptarse a tus países hermanos o buscar una fórmula merengada para ser entendidos.

Gatopardo No.113
Esa misma noche en el aeropuerto del DF mexicano compré la revista Gatopardo, con una portada in memoriam a un señor llamado Carlos Monsiváis. La entrevista me enamoró con el gran pensador de méxico, los mexicanos que saben llorar muertes, aún lamentan la partida de su filósofo potable. Apenas llegué comencé a buscar títulos de esa firma, hasta que di con "Aires de Familia" (Anagrama, 2000). Bajo un enunciado profundamente sabio el maestro Monsiváis cita a un par mexicano, Alfonso Reyes, "Hemos llegado tarde al banquete de la civilización" y más tarde asegura que "el fragor de las guerras de independencia promueven la fluidez del destino nacional". Es decir, con el tiempo y el agua pasada, cada vez somos más latinos quienes sabemos de Bach y Beethoven, pero también de Simón Díaz o José Alfredo Jiménez. Aún falta conocernos más. 

Conocernos mejor pasa primero por conocernos desde adentro. Explorar las paredes que delimitan nuestros propios guetos, salir del confort de nuestras diez cuadras a pesar de los peligros que ello conlleve, multiplicar el descubrimiento de esas fronteras hasta poder hablar con base sobre el hermano, sobre el país que nos presta la azúcar y al que le regalamos el petróleo.

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