Sunday, December 05, 2010

FANTASMAS Y RENUNCIAS

Fotografía Erwin Olaf, Un tranvía llamado deseo.

Una de las frases que más se escuchará sobre las tablas en el mundo entero durante el 2011 será: Siempre he creído en la bondad de los extraños. Esa maravillosa línea con la que Blanche de "Un tranvía llamado deseo" cierra uno de los lazos de la obra de Tennessee Williams.

El próximo año se cumple un siglo del nacimiento del dramaturgo americano. Williams pertenece a los autores que escribieron el género gótico sureño, un subgénero de la novela gótica (obvio). El mismo que usó Truman Capote, una literatura con cierta dosis de terror ambientada con elementos fantasiosos que maquillan la miseria humana del sur estadounidense de la mitad de 1900.

Todo los días agradezco mi niñez plena, leyendo con pasmo el drama que narran estos autores que lucharon hasta el último día de sus vidas aquellas miserables cuatro paredes llenas de padres infelices, mujeres maltratadas y relaciones peligrosas.

Ahora mismo leo "Tres Cuentos" de Truman Capote, cuentos con la navidad como telón de fondo y en los que el protagonista es él de niño, sosteniéndose de una baranda para no caer en el abismo de la familia disfuncional: la fe religiosa. Fe a la que más tarde habrá de renunciar. Y en esa renuncia coincido.

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