Monday, January 03, 2011

É PROIBIDO FUMAR

Fotografía: José Pisano

"Está prohibido fumar, dice el cartel que vi, pues el fuego puede pegar. Ninguna advertencia o aviso servirá, pues la brasa que pienso mandar, ningún bombero podrá apagar", dice una canción de Roberto Carlos y que Rita Lee sabe cantar estancada en la desenfrenada década de los setentas. 

Comencé a fumar a los 22 años. Soy hijo de madre fumadora y si mal no recuerdo, entiendo que mi padre lo fue en algún momento, pero no mientras estaba casado con mi mamá. La noche que empecé a fumar estaba en el ya desparecido "after hour" la Belle Epoque. No hacía sino decirle a una amiga la frase en loop: quiero fumar, quiero fumar, quiero fumar, hasta que ella, que había dejado de fumar hacía un tiempo, prendió un cigarrillo y me lo dio, como quien le compra una chupeta a un niño para callar su verbosidad. Desde entonces he pasado por todas las instancias del vicio, es decir, he fumado mucho, mucho menos, poco y así, he aprendido a conducir el humo, me han enseñado juiciosos fumadores a evitar molestar al pasivo prójimo que no desea el cigarrillo y así...

Ahora en España se ha puesto en vigor una nueva ley antitabaco, y las aceras, al menos las de Madrid, añaden un nuevo tema de conversación, a mi parecer, muchos disgustados. Hoy he leído que hay toda una red al mejor estilo CDR cubano que se encarga de denunciar a los infractores, quedando los demandantes anónimos y quienes quiebran la ley multados (tanto el establecimiento como el fumador, a menos que exista algún testigo de que el regente del local advirtió al agravante). No ahondaré más, creo que esto último deja perfectamente clara mi inquietud hacia estas leyes de tan cívicas, tan progresistas, tan prohibitivas, tan tabú, tan de ayer. 

Que el maestro Savater tenga la última palabra:

A mí la prohibición de fumar en los lugares de trabajo no me afecta demasiado porque hace tiempo que tomé la precaución de trabajar en casa y, además, me parece muy bien evitar molestias a los no fumadores con quienes convivo, pero estoy en contra de las mentiras truculentas: no es cierto que fumar mate, aunque seguramente fumar mucho es perjudicial para la salud (tampoco creo que los huevos con bacon maten, aunque tomarlos para desayunar, comer y cenar no beneficia al hígado) y desde luego deba haber habido tantos muertos entre los fumadores pasivos como entre quienes padecen la estridencia del tocadiscos de su desconsiderado vecino. Pero en cualquier caso, más allá del perjuicio a terceros, no sé por qué el Gobierno debe inmiscuirse en la regulación de los vicios. Salvo que comparta la opinión del líder de la revolución iraní, que acaba de declarar que "los derechos humanos desembocan en la inmoralidad". En las actuales normativas contra los fumadores, sin embargo, coincidirán siempre las izquierdas y las derechas. Los gobiernos de izquierda hablan del enorme gasto público que causan los damnificados por el abuso del tabaco. Oyéndoles, parece que el dinero del Estado debe ser guardado para usos mejores que la satisfacción de los ciudadanos, caprichosos como son. Y eso que con el pago de impuestos sobre el tabaco, los fumadores costeamos buena parte de la sanidad pública... La derecha, por su parte, no puede negarse a prohibir una fuente de placer, sobre todo cuando es un placer popular y al alcance de todos. ¡Si al menos se tratase de un gozo exquisito y minoritario, como tomar caviar o poseer un yate! Su única duda estriba en si esta nueva inquisición perjudicará la marcha de ciertos negocios... 

Con uve minúscula,
Fernando Savater
El País, 16 de enero de 2006.

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