Wednesday, March 30, 2011

MI MEJOR Y ÚNICA ACTUACIÓN


Hubo un tiempo en que muchas de las evaluaciones en el inicio de mi bachillerato, en el Colegio La Merced de Caraballeda, se podían hacer a través de exposiciones dramatizadas, ergo, obras de teatro. El colegio católico, bien dirigido y administrado por sus monjas, nos permitía ciertas licencias creativas. 

Confieso que mi relación con las hermanas era fluida y de distancias más cortas con respecto al resto de muchos de mis compañeros. Ciencias Naturales, o Estudios de la Naturaleza o quizás Ciencias de la Tierra, fue impartido por una de estas profesoras que nos permitían el uso de la exposición dramatizada. Era a todas luces, mi válvula de escape contra el caletre, y el tedio (tortura) que siempre me dieron las aulas. Un día tocó hacer obra de teatro sobre LA CONTAMINACIÓN, entonces escribí una obra de teatro que ahora hurgo en la memoria con cierta bruma, recuerdo que no sólo escribía, dirigía, sino actuaba, mi personaje era el villano que asustaba a estos niños que por botar basura entraban en un limbo a lo "Labyrithn" con David Bowie. Mi maquillaje estaba inspirado en una tabla de ajedrez y el vestuario, hecho por mi madre, fue una bata negra con hojas secas y desechos incrustados.

Pero ni la puesta en escena, ni la interpretación de mis compañeros, ni el libreto, u otra cosa me agobió más que la música. Siendo un niño católico y alumno de confianza de las monjas, éstas jamás imaginaron la procedencia de la banda sonora de la pieza: Amistades Peligrosas. La tarea más delicada la tenía el operador del sonido, pues el opening de la "exposición" eran los instrumentales de buena parte del disco "La Profecía", que me hizo descubrir la palabra cremallera. Sirva este escrito como confesión post escolar y mea culpa en el abuso a la confianza a mis entrañables religiosas.

P.D.: otro día hablaré de mi interpretación de Poncio Pilatos en La Pasión del Colegio La Merced.

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