Wednesday, June 29, 2011

UNA COLA PARA ISABEL ALLENDE


Fotografías: @Jose_Pisano


Madrid, 11:58am. Es el segundo fin de semana de junio, y el sauna en que a veces se convierte la Feria del Libro de Madrid, no se ha encendido. El cielo está despejado, el sol broncea a los madrileños en el Parque de El Retiro donde 500 casetas sirven a los lectores españoles y todos sus gustos. Al fondo un trompetista, uno de esos músicos ambulantes de parque toca la “Mañana de Carnaval”, esa canción de Luis Bonfa y Antonio Maria que dice "...cantará el corazón melodías de amor, la mañana feliz de los dos". Es el último sábado de la feria, son estos eventos que le dan más vida al celebrado parque botánico de la capital ibérica.

De pronto, una cola de casi un kilómetro atraviesa parte del parque. Mujeres en su mayoría, hombres, parejas con hijos, la diversidad es elocuente en la fila. Nos internamos y descubrimos qué es lo que se regala. Una mujer con acento anglosajón machaca el castellano contándole a su compañera los promenores de esta visita. "He leído que tiene 10 años sin venir, menos mal que aún es mediodía, en la web de la feria dice que estará firmando hasta las 4:00pm. Pero ojalá no esté haciendo dedicatorias largas, sino se tarda más”. En la suerte de sala de espera botánica, reparten abanicos estampados con el arte de la portada del libro "El cuaderno de Maya", de Isabel Allende.





La escritora chilena tiene una década sin visitar la Feria del Libro de Madrid. La editorial Plaza&Janés ha acomodado una carpa con un mesón adornado de calas blancas. Pero eso no lo hemos visto aún, porque estamos en la cola. Hay gente que madrugó y esperó que fueran las doce del mediodía para que su escritora favorita estampara una dedicatoria en su edición de “La casa de los espíritus”, “Paula”, “Los cuentos de Eva Luna”, “De amor y de sombras” o “El plan infinito”.



Madrid 12:36pm. Sabemos que Isabel Allende llegó porque desde atrás se escuchan los aplausos de los madrugadores. Han pasado 30 minutos y la cola apenas avanza unos metros. "Para quién es esta cola tan larga?". Se acercan curiosos y visibles no-fanes de Isabel Allende, no fanes porque al obtener la respuesta de quienes hacen fila, hacen un gesto de colmo. En las colas para recibir la firma el autógrafo de las celebridades literarias no existen beneficios, no hay una línea para la tercera edad o de mujeres embarazadas, todos los lectores son iguales. “Llevo una hora de pie y tengo seis meses de embarazo”, dice Mónica Nieto quien recién se ha comprado la última obra de la diva de la letra hispana y en su bolso carga con “La casa de los espíritus”. “Me gusta por su frescura, su femeneidad, es un orgullo de la novela latinoamericana” complementa.



Una señora ha tendido a su bebé en la grama para cambiarlo y tampoco perder la hora que lleva haciendo fila. Otras aprovechan el momento para empezar a leer el libro a punto de ser estampado con la dedicatoria de su autora y llegan a leer hasta doscientas páginas. Un hombre de la editorial reparte post its amarillos para que los fanáticos ayuden a agilizar el proceso. "Tenga, póngalo sobre la página que quiere que le firme y escríbale el nombre. Gracias por su colaboración". Otra mujer se muerde los labios de la rabia. "Qué lástima, he dejado la cámara", y es cuando la solidaridad de la cola se activa. "Yo te presto la mía, vamos claro, además he venido sola, me hacéis una con la Allende, yo hago lo propio y me dáis vuestro email", sale al rescate una folklórica madrileña.

Madrid, 1:00pm. “Su atención por favor, entre las casetas 106 y 107 estará firmando Isabel Allende, desde las 12:00pm hasta las 2:00pm.” Otra ola de revuelo. Susurros, suspiros y quejas por el temor de que no alcance el sacrificio de tener tantas horas esperando la rúbrica. Justo llega un señor con su libro autografiado. "¿Qué tal te fué?", le pregunta una amiga que aún está en la fila. "Está guapísima" contestó el fan enamorado y muestra inflado su autógrafo.

"Mamá alguna vez te has preguntado cuántas palabras pueden haber en un libro de 400 páginas". Los niños son los primeros en impacientarse. Mujeres y hombres trotan y cruzan la cola como antílopes. Los hijos de los fanáticos demuestran la fatiga "mamá yo llego hasta aquí, me voy al Museo de la Pizza, dame dinero". Mientras otros deciden ir a la caseta donde Bob Esponja también firma sus libros.


Cuanto más te acercas a la caseta, más gordo se hace el temor porque la autora, por cansancio, abandone la feria, miedo al tiempo perdido y a la decepción. Conforme falta menos, las sombras de los árboles dejan de protegerte y ya el sol no es tan primaveral, ya es un sol que coquetea más con el verano. “Este sol que rompe piedras" dice un rubio con lentes oscuros. Y como en todas las colas, vas llegando a la meta y todos se miran de reojo, pillando el intento de algún vivo con malas iniciativas: un coleón. Vendedores ambulantes, gitanas que leen el porvenir y la lotería se aprovechan de la fila para la Allende. "Sorteo del Oro quien quiere llevarse su numerito, estas de aquí tienen cara de querer hacerse ricas de la noche a la mañana, cómpreme uno". 

Madrid, 1:45pm. En un pestañeo la cola avanza violentamente. La hora de cierre está a la vuelta de la esquina y la carpa que protege a la escritora también. Si estás entre los primeros cinco de la cola debes entregar tu libro, que se encuentra debidamente identificado con el papel autoadhesivo que te entregaron. Ya le puedes ver las piernas, una señora te toma gentil y azarosamente del brazo y en otro abrir y cerrra de ojos estás frente a Isabel Allende, muchos quieren contarle su historia, decirle cuanto la admiran, explicarle lo felices que han sido y la compañía que significan cada una de las novelas que atesora su bibliografía, pero todo ocurre en cámara rápida, apenas alcanzas en ver su mano derecha puesta sobre el libro, un anillo y una pulsera quizás, una sonrisa y pocas arrugas, una sonrisa amplia y apenas tres segundos para decirle “¡Gracias Isabel!”.


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