Thursday, September 27, 2012

NUEVAS MAÑAS


De repente, no más que de repente, como dice el Soneto de Separación de Vinicius, lo hago. Ejecuto la acción a sabiendas de que otrora lo criticaba. Se me ha hecho demasiado tarde para planchar todos los achaques con los que no quiero envejecer. Por mucho tiempo mi madre detestó que le repreguntaran lo que había dicho. Un "¿Qué?" de su oyente al final de un comentario, la vuelve loca. Y yo no entendía el ataque de histeria que le produce, hasta que un buen día de la semana pasada me preguntaron, "¡¿Qué!?".

Respiré profundo, y mientras repetía la frase fui interrumpido; mi interlocutor no sólo había entendido la primera vez, sino que empezaba a contestarme a la mitad de mi subrayado. Entonces recordé a mi mamá y su odio frente al "¡Qué!".

Heredamos fobias que antes nos parecían exageraciones.

***

Me encuentro hojeando El País. Abordo un avión en Madrid rumbo a Vienna (desde donde redacto este post). Veo con interés algunos artículos de opinión, me encanta la caricatura de El Roto que vemos a continuación:


Me hace mucha gracia, porque desde que despegué de Caracas pienso que este avión puede estrellarse, sobre todo, porque sin darme cuenta he decidido despedirme de mucha gente antes de partir. El vuelo tiembla por encima del promedio, yo tomo un Vicodin con vino tinto, y más tarde un Advil. Me desdoblo, esa es la idea.

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Al despertar, retomo mi lectura de El País, y me encanta la entrevista que han hecho a David Carr, periodista del The New York Times. No conocía al personaje y me interesa, por borracho y genio. Y de repente, otra vez lo mismo, arranco la página de la entrevista sin importarme el prójimo. Otra manía que detesto, o que al menos detestaba. Con la hoja de papel periódico en la mano izquierda y el resto de la edición en la derecha, me descubro entregado a las cosas que solía odiar. ¿Qué será lo próximo? Sonarme la nariz en público, sería el llegadero.
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