Sunday, January 13, 2013

LLORAR UN LIBRO



20 de Mayo de 2010.

La primera vez que oí sobre Héctor Abad fue gracias a Valentina Quintero. Yo regresaba después de mucho tiempo, probablemente seis años, a bañarme en una playa de La Guaira, lugar al que había dado la espalda luego del deslave de 1999. Yo fui lo que llamaron para entonces “damnificado”.

Cuando adquirí mayor seriedad sobre mi oficio, me entró una desesperación por vaciar lagunas (cada vez trato de achicar más agua) y temía no entender ciertos clásicos o autores (me ha tomado tres años acabar con Crimen y Castigo). Uno de mis miedos era Borges, compartido por ejemplo con Cervantes (hagamos honor a la ciudad donde estoy a punto de aterrizar mientras escribo: Madrid). Trabajando para la producción de Los Imposibles con Leonardo Padrón, y haciendo la entrevista a Jorge Drexler en su hotel, recuerdo la siguiente frase más o menos así: No sabes la envidia que me da aquel que me dice "no he leído Borges". Como extraño esa sensación de leer a Borges por primera vez. Lo dicho terminó por meter en mi bolsillo un apropiado y primer Borges.

Pasó el tiempo y mi primer encuentro con la lectura de un libro de Héctor Abad fue sobrevolando este mismo trayecto. Visitando Egipto, Marianella me prestó “Oriente empieza en El Cairo”. Conforme aterricé de aquellas vacaciones empecé “El olvido que seremos” (Planeta, 2006). La novela me acercó más a Borges, a sentirme confiado a poder entender la dimensión del gran autor. Cerré hace una semana la última página de Ficciones y acabo de abrir la primera de “Traiciones de la memoria”, (Alfaguara, 2010).

Abad me hace llorar leyendo, y yo sólo quiero dejar constancia de eso aquí. Háganse el exorcismo de seguir su literatura, como diría Valentina: por caridad.

12 de Enero de 2013

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